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Casa Lavalle

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  Muchos años la ví, abandonada a las hiedras.  La "enamorada del muro" había transformado sus paredes con un amor asfixiante, cubriendo cada ladrillo hasta hacerlo desaparecer de la vista, entrando por sus persianas y hasta por debajo de sus techos.  Era esa una casa "tomada" por la vegetación.  Hasta en el frente, una rosa rococó rosada había extendido sus brazos llendo y viniendo por las rejas tejiendo una trama casi imposible de quitar.  Casi dice alis estuvo así, sola, firme, a la espera.

  Fue después que alguien la compró, que el reinado vegetal comenzó a ceder paso al orden.  Tuve así, la oportunidad de entrar en esa casa que tanto tiempo había llamado mi atención.

  Era más grande que lo que se podía suponer desde el exterior.  Su amplitud me transportó a los antiguos palacios.  En su planta baja dos amplios salones recibían al visitante, tres habitaciones todas con ventanas al patio interno, dos de ellas alfombradas en azul francia. Dos baños, uno principal en blanco con sanitarios en terracota y un armario y bañera; el otro con azulejos amarillos con sanitarios en blanco casi en el fondo de la casa. Una cocina cocina remodelada a nuevo que contrastaba con el resto del lugar, cuya puerta lateral conducía hacia el pequeño patio, otrora cubierto por la vegetación.

  Por el costado derecho, una escalera de granito algo estrecha permitía el acceso a la planta alta.  Allí una salita distribuía hacia dos sectores: adelante dos habitaciones, una de ellas con balcón a la calle con dos bibliotecas amuradas a la pared y un baño en amarillo y sanitarios blancos, ajados por el uso y la ausencia. Hacia el fondo, un pasillo que derivaba en una estrecha y antigua cocina. Otro baño en amarillo y sanitarios verdes  con una pequeña ducha. Atrás dos habitaciones también alfombradas, permanecían sin nada más que sus paredes desnudas y un increíble sol que las bañaba por las tardes a travez de sus persianas de madera.

  La casa había albergado, al parecer, una familia numerosa.  Los muebles habían sido retirados casi en su totalidad, pero revistas, cuadros, cuentas y recibos de años atrás aún escapaban de varios armarios que resistieron el exilio.  Dos bibliotecas cargaban aún con sus libros, todos de pequeño formato, de fácil lectura y emanando ese olor característico de los años acumulados en sus páginas polvorientas.

  Algo de sus antiguos habitantes deambulaban  por esas habitaciones después de tanto tiempo; sus almas habían migrado pero solo en parte.

  El único y todopoderoso rey en ese lugar era el polvo, que parecía cubrirlo todo, como una tela protectora hasta que fuesen descubiertas y revaloradas por una limpieza que lograra desterrarlo para siempre.

  Incríblemente los pequeños objetos de la vida diaria que quedaron allí, guardaban algo del calor de sus dueños y la casa invitaba a caminarla, mirarla y recorrerla con respeto, imaginando los personajes que rieron y lloraron dentro de sus muros.  Algo brillaba en esa oscuridad, quizás la etérea vida que parecía flotar aún en ella.

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Baños

Baños

   
Cocinas

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La casa

La casa

   
Objetos

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Comentarios recibidos (1)

  • 19/08/12  00:30:58
    Con los objetos terminé de ver la casa, me quedé mucho mas triste de lo que estaba, no puedo comprender como se puede abandonar un poco de la historia de una familia. // Todas las fotos están muy buenas, para mi, reflejan el drama de una familia.
    Aldo Duarte
  
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